El Camino Para La Fertilidad
  

«De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12:24).


   Hay muchos que suspiran por la fertilidad, y que nunca han aprendido la profunda lección de la cruz de Cristo. Nunca podremos morir en el mismo sentido en que murió Él; no por medio de nosotros puede haber substitución o sacrificio, o expiación; sin embargo hay un sentido en que tendremos que comprender profundamente la significación de Su muerte si quisiéramos realmente llevar fruto.

   Si quisiéramos recibir injertos del acebuche, debemos tener voluntad en soportar las heridas del cuchillo del podador. Si quisiéramos llenar el mundo con la dulce fragancia del precioso ungüento, debemos tener voluntad en ser vasos rotos.

   Los ramos más fructíferos son los que han sido limpiados más rigurosamente de las hojas y vástagos, a fin de que la savia pueda acumularse en los racimos crecientes.

   «El que ama su vida la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará» (Juan 12:25). Nuestro señor deliberadamente escogió la muerte, porque sabía, en primer lugar, que no podía ser retenido por ella; y en segundo, porque sólo pasando por el sepulcro podría llegar a la vida resucitada y a la gloria de la ascensión. Por esto bajó al valle de la muerte cantando mientras descendía, «No dejarás Mi alma en el Hades, ni darás a Tu Santo que vea corrupción» (Sal. 16:10).

   Hay también una verdad profunda para todos nosotros en estas maravillosas palabras que repitió en tres ocasiones, como si quisiera introducirlas en la misma contextura de nuestro corazón. No es que tengamos que buscar la muerte para nosotros mismos, o que arrojarnos continuamente en surcos profundos y tenebrosos al impulso de nuestra propia elección; sino que debemos estar alertas para no evitar el ir a la tierra de Moria, o a cualquiera de los montes que Él nos diga; al contrario, debemos aprovechar toda oportunidad que Dios nos dé para hacerlo.

   Osad mirar el rostro de Dios, vosotros que anheláis la vida más rica y profunda; y decidle que no queréis escoger vuestra senda, sino que estáis prontos para seguirle al través; y entonces esperad para que Él os enseñe todo paso que tiene que darse por las sombras que están entre vosotros y la vida más abundante, que es vuestra verdadera herencia.

   La muerte no puede nunca ser agradable a la carne. El cuchillo es afilado, la lumbre quema, la copa es amarga, desfallecen el corazón y la carne; y a veces parece como si tuviéramos que abandonar el esfuerzo de guardar el lomo ceñido y mantener la actitud intrépida.

   Aprendemos cómo sentía Abraham mientras sabía por aquellos tres días fatigosos que cada paso le metía en tinieblas más profundas. Clamamos, «Pase de mi este vaso.» El caer en la tierra para morir no es pasatiempo para los pequeños granos de trigo.

   Pero Aquel que ha pasado por la muerte conoce cada camino para salir de toda vuelta del valle, ese valle y todo vado para salir del río. No puede equivocarse; ni nos llevará por una senda más áspera que aquella que sea necesaria. Mirad como Sus pies, traspasados con clavos, han pisado y vuelto a pisar el camino con los muchos que ha traído acá y conducido al otro lado.

   Hay veces en tales experiencias en que Su voz se oye muy distintamente, asegurando al alma una promesa. En otros tiempos parece ser imposible oír Su voz. Pero entonces infunde fuerzas en nuestra naturaleza de una manera más sutil y tierna; y en lugar de esforzarnos con Sus palabras, Él Mismo llega a hacerse la fuerza de nuestro corazón y nuestra porción para siempre.

   Nuestra verdadera actitud es la rendición sin compromiso de nuestra voluntad a la de Él; no procurando efectuar ningunos cambios en nuestra vida emocional o mental, sino deseando que sea hecha Su voluntad, completamente y siempre, y rogándole que obre en nosotros así el querer como el hacer por Su buena voluntad.

   Así tiene que ser siempre. El día sigue a la noche; la primavera, al invierno; las flores, a la escarcha; el gozo, al pesar; la fertilidad, a la poda; el Olivete, al Getsemaní; la Ascensión, al Calvario; la vida, a la muerte; y el Cristo que ha de ser, a las penas de una creación que está en dolores de parto.




Cristo Es Firme En Contra Del Pecado
  Por Rich Carmicheal

   Una de las tragedias más grandes de nuestros días es que mucha gente del mundo tales como algunos creyentes en Cristo dentro de la iglesia, cree que Cristo es pasivo ante el pecado. Esta gente para no juzgar tales actos se basa en el pasaje bíblico donde Jesús no condenó a la mujer que fue encontrada en el mismo acto del adulterio. Ellos dan énfasis a la compasión, la misericordia y el perdón que Jesús tiene hacia el pecador.

   Claro que tales atributos son reales del Señor Jesús, pero el problema es que cuando estas verdades son interpretadas aisladas, fuera de su contexto proveen un cuadro completo acerca del pecado y de la justicia de Cristo. Sin embargo, cuando vemos Su vida y enseñanza, nos damos cuenta de que Él fue absolutamente y resueltamente en contra del pecado. Meditemos en algunas de estas verdades:

   • Cristo fue entregado por completo a la justicia, y vivió una vida perfecta sin pecado. Él fue (y es) «santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores…» (Heb. 7:26). Él fue tentado en todas las cosas, en la misma forma en que nosotros somos tentados, inclusive por el mismo Satanás, pero no pecó (Mt. 4:1-11; Heb. 4:15; 1 Pe. 2:22). Él fue completamente entregado a la voluntad de Su Padre, siempre guardó los mandamientos y todas las cosas que hizo fue para satisfacer al Padre (Juan 6:38; 8:29; 15:10; Heb. 10:5-10). Él «amó la justicia, y aborreció la maldad» (Heb. 1:9).

   • Cristo tuvo mejor definición del pecado que la cultura que lo rodeaba. Por ejemplo, Él enseñó: «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio; pero Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mt. 5:27-28). A Cristo no solo le concernían las cosas externas del ser humano tales como las violaciones de los mandamientos de Dios, sino que también las cosas internas, los pensamientos, motivaciones y deseos. Él condenó la hipocresía, pero hizo hincapié en la justica diciendo que esta era necesaria para entrar al reino de los cielos (Mt. 5:20; 23:23-28). En vez de poner abajo y degradar el significado del pecado en contra de la ley de Dios, Cristo vino a cumplir la ley (Mt. 5:17).

   • Cristo advierte fuertemente a aquellos que continúan en el pecado. Por ejemplo, El enseña: «Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues más te conviene que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mt. 5:29-30). Por supuesto que Él no nos dice que literalmente nos sacamos el ojo, sino que: Evitemos el pecado cualquiera sea su costo.

   La necesidad de arrepentimiento por el pecado es central en las enseñanzas de Cristo. El empezó Su ministerio predicando, «Arrepentíos…» (Mt. 4:17), y desde los cielos Él continúa llamando a la gente, y a Su iglesia al arrepentimiento (Ap. 2:1 – 3:22). En el ejemplo acerca de la mujer sorprendida en adulterio, el Señor Jesús mostró grande misericordia por ella, pero al mismo tiempo le dijo, «vete, y no peques ya más» (Juan 8:11). En el cierre del Apocalipsis Él advierte a todo aquel que continúa en pecado no se le permitirá entrar a la ciudad santa, la ciudad celestial: «Fuera los perros, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y practica la mentira» (Ap. 22:15).

   • Cristo dio Su vida para salvar a la gente del pecado, esta es la consecuencia del pecado. Requirió el más costoso, único y precioso sacrificio para pagar por este – la vida y sangre del Hijo de Dios. «Él cual se dio a sí Mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo» (Gál. 1:4). El fue «herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados » (Is. 53:5). Él sobrellevó la vergonzosa cruz para redimirnos y libertarnos del pecado con Su sangre (Heb. 12:2; 1 Pe. 1:18-19; Ap. 1:5). ¡Cuán horrible tiene que ser el pecado en los ojos de nuestro Señor al punto que tuvo que tomar tan drástica decisión para salvarnos de este mal!

   • Cristo juzgará al pecado. Aunque Jesús nos dice que Su Padre no lo envió al mundo para juzgarlo, sino para salvarlo; no obstante, Él nos dice que aquellos que aman las tinieblas y sus obras malas ya están bajo juicio (Juan 3:17-20), y para más, el día del juicio final viene, este será el día cuando Aquél vestido de una túnica teñida en sangre juzgará con justicia a los vivos y a los muertos (Hch. 17:31; 2 Tim. 4:1; Ap. 19:11). El día de la ira del Cordero viene (1 Tes. 1:10; Ap. 6:16), sobre los hombres no arrepentidos (Rom. 2:5; 2 Pe. 3:7). Cristo expulsará de Su presencia a los hacedores de maldad (Mt. 7:23).


Todo nuestro ser para Cristo

   Estas verdades nos recuerdan que debemos de tratar al pecado seriamente. El desafío es grande porque nuestra cultura se desvencija, el pecado es tolerado, descrito de otra forma, superficial y blanqueado. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por todos los siglos (Heb. 13:8). Su manera de ver al pecado no ha cambiado ni tampoco cambiará. No importa lo que el populacho piense o dicte, para el Señor Jesucristo el pecado es pecado.

   Cuán agradecidos tendríamos que estar, Cristo murió por nosotros. Ahora podemos ser perdonados, limpiados y libres del pecado. Cuán agradecidos tendríamos que estar, Él se compadece de nosotros y nos socorre cuando somos tentados (Heb. 2:18). Cuán agradecidos tendríamos que estar, porque nuestros pecados fueron con Él (nosotros mismos) a la cruz y unidos a Él morimos para el pecado, pero vivos para Dios y para justificación (Rom. 6:1; 1 Pe. 2:24). Aferrémonos de Cristo y de Su amor y sacrificio por nosotros. Vivamos la vida santa y justa que Él hace por nosotros. Él dejo todo por venir a rescatarnos del pecado. Dejemos el pecado y volvamos por completo a Él.


   «Porque la gracia de Dios se ha manifestado…enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí Mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, celoso de buenas obras» (Tito 2:11-14).




                   Saludos fraternales del Departamento                         de la Asociación de Damas “Mensajeras                     del Señor”, C.L.A.
                       Es nuestro deseo que puedan comunicarse                            a tráves de nuestra página electrónica la cual ha sido diseñada para  bendición y estimulo espiritual y para  mantener una relación de hermandad y amistad  en el Señor.
Nuestros brazos fraternales están a su disposición para ofrecer el apoyo necesario a tráves de nuestras oraciones y consejos biblicos.

Le ama,
Su servidora y compañera el Señor
Migdalia Seda
Presidenta, Int’l
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      EL CONGRESO  DE DAMAS              
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Octubre 11, 2014
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Taller de Damas Jovenes
Octubre 25, 2014
1:00 p.m.
Iglesia Templo de Alabanza
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Rev. Eli/Evelyn Martinez